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Jun, 2017

“Víctimas de la reforma” – El Líbero

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Columna de opinión de Julio Isamit sobre los afectados con la reforma educacional.

Las elecciones presidenciales han monopolizado la discusión pública nacional y hasta el menor desliz lingüístico de un candidato es materia de análisis e incluso de crisis políticas. Así ocurrió esta semana al interior de la coalición de Gobierno por las declaraciones de Carolina Goic, en las que llamó “chica comunista” a la joven diputada del PC, Karol Cariola, vocera de Alejandro Guillier. En medio de un clima electoral tormentoso y de una sobreabundancia de programas de discusión política en televisión, se corre el riesgo de pasar por alto importantes temas del quehacer nacional, atentos al próximo anuncio o a la siguiente polémica.

Frente a eso, es importante recordar que la implementación de la reforma educacional se encuentra en plena marcha. A muchos les llamó la atención que cientos de padres acamparan en las afueras de destacados colegios particulares subvencionados, con la esperanza de obtener un número de atención que permita que sus hijos accedan a una mejor educación.

Recordemos que la reforma educacional de la Presidenta Bachelet prohibió los procesos de selección para ingresar a los establecimientos que reciban ayuda del Estado. Dicha prohibición no se extiende a los colegios particulares pagados, donde estudian los hijos de los diputados y senadores que la aprobaron, y los hijos de los ministros que la impulsaron. En una reforma clasista, que sólo afecta las posibilidades de elegir colegio o aportar libre y voluntariamente a la educación de las familias más vulnerables y de clase media.

Esta prohibición se está implementando de manera gradual. Comenzó el año pasado en la región de Magallanes y este año se extendió a Tarapacá, Coquimbo, O’Higgins y Los Lagos. El 2018 será el turno del resto de las regiones, incluida Santiago. No ha sido un camino fácil: en Magallanes la tómbola dejó disconforme al 50% de los apoderados, cuyos hijos no quedaron en los tres primeros colegios de su preferencia.

La incertidumbre respecto de los procesos de selección que se vienen en la capital, y el firme compromiso de los padres por la educación de sus hijos, quedaron de manifiesto esta semana cuando cientos de apoderados acamparon en las afueras de diversos establecimientos en Santiago, Providencia y otras comunas de la región.

Por desgracia, el Gobierno y los impulsores de la reforma creen que es más justo un sistema sustentado en el azar (aún bajo esquemas computacionales), que la elección libre de los padres de un proyecto educacional acorde a su propia visión del hombre y la sociedad. El acto de educar es mucho más un acto de paternidad que de Gobierno, y por tanto, son los padres los primeros llamados a elegir la educación de sus hijos. Además, esto contribuye a que los padres se involucren más en los procesos educativos de sus hijos y se genere un proyecto común entre las familias y los establecimientos educacionales.

Cuando denunciamos los males de la reforma hace un par de años, nos dijeron que realizábamos una “campaña del terror”. Hoy, por desgracia, muchas familias del país experimentan la angustia de la incertidumbre en el tema que más les importa, como es la educación de sus hijos. Muchos no saben si su colegio cerrará o si se pasará a particular pagado, con la correspondiente alza en la colegiatura; otros temen que el mérito y el esfuerzo de sus hijos no valdrán la pena en un sistema donde prima el azar, y muchos ya se preparan para sortear el número de la suerte o acampar afuera del colegio de su preferencia. Triste y clasista, pero cierto.

Fuente: El Líbero.